El fútbol fue justo esta vez y coronó a España campeona del mundo. Un gol de Andrés Iniesta en la segunda parte de la prórroga, a cuatro minutos del final, cuando en el Soccer City de Johannesburgo ya brillaba el filo de la guadaña de los penaltis, premió a la selección española, que hizo historia con mayúsculas.
Sólo Alemania y Francia habían logrado la proeza de conquistar la Eurocopa y el Mundial de forma consecutiva. El hito, renovado al cabo de tantos años, habla por sí solo de la grandeza de una sensacional generación de futbolistas españoles, a la altura de las más grandes de todas las épocas. España se mereció el título. Nadie puede ponerlo en duda. Y muchos menos los holandeses, que jugaron sus bazas, sí, pero ensuciando este juego. No podía ser campeona del mundo esta Holanda sin haberlo sido la de Johan Cruyff. Por pura justicia poética.
España entró en la final con convicción, sin mirar atrás, tocando y buscando las incorporaciones de Sergio Ramos por la banda derecha. Durante los doce primeros minutos, el equipo de Vicente del Bosque ofreció su mejor versión. Desorientada, Holanda pareció muy poca cosa y el 1-0 se vio muy cerca. Lo tuvo el lateral derecho del Real Madrid en dos ocasiones y Villa en una volea que se le fue al lateral de la red. Los "oranje", sin embargo, tienen oficio y decidieron que aquello no podía seguir así. Necesitaban romper el ritmo de España, que era como decir el ritmo del partido.
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